19Abril2014

Noticias a nivel global

Energía nuclear: un tema más caliente que nunca

Mure Dickie y Clive Cookson - Frente a la oficina del gobierno de Iitate en Japón, el monitor -una gran caja de metal con luces- muestra en tiempo real los niveles de radiación que hay en el aire. Un dosímetro manual manejado por el ingeniero local Toru Anzai ofrece más lecturas personales. En la capital de una jurisdicción cercana, sofisticados detectores de germanio por la noche analizan la radioactividad de los alimentos locales.

Pasaron ya ocho meses desde que un tsunami casi provoca la fusión de un reactor nuclear la central de energía atómica Fukushima Daiichi. Y en todo Japón hay datos sobre el nivel de contaminación provocado por la peor crisis nuclear del mundo en 25 años. Sin embargo, ninguno de esos detectores o su información señala a sus usuarios cuánto deberían preocuparse. La crisis dejó al desnudo la ausencia de consenso científico y social sobre el peligro que implican las radiaciones, lo que está debilitando la ya deficiente respuesta al desastre porque el liderazgo está dividido y la gran burocracia a menudo entorpece la tarea.

La incertidumbre sobre los riesgos ligados a la radiación no es un problema sólo para Japón. Las plantas atómicas de todo el mundo envejecen con rapidez, y se están construyendo otras en países en desarrollo donde en general hay poca supervisión pública y altos niveles de corrupción. Y el mundo no puede ser tan ingenuo de esperar que esta crisis sea la última.

Por un lado, los analistas sostienen que el exagerado temor a las radiaciones detendrán el desarrollo mundial de plantas nucleares, lo que desacelerará el crecimiento económico y aumentará la contaminación y el calentamiento global provocados por los combustibles fósiles. Por el otro, los expertos acusan a la industria nuclear y a los funcionarios públicos de restar importancia a los peligros.

En mayo, el investigador especializado en seguridad radiactiva Toshiso Kosako renunció como asesor científico del primer ministro de Japón después de que el gobierno decidió fijar el límite de exposición para escuelas en 20 millisieverts (mSv) anuales, un nivel normalmente aplicado a los trabajadores de la industria nuclear. "Es inaceptable aplicar esta cifra a bebés, niños pequeños y alumnos de escuelas primarias", se quejó el profesor Kosako.

Pero Wade Allison de la Universidad de Oxford señaló que el nivel de 20 millones de mSvv anuales fijado para ordenar una evacuación podría elevarse sin riesgos de seguridad porque la principal amenaza a la salud de la crisis de Fukushima Daiichi es "el temor, la incertidumbre y la evacuación impuesta."

Detrás de estas fuertes diferencias está la falta de claridad sobre los efectos de la radiación en el organismo humano a dosis inferiores a 100 millones de mSv por año, nivel en que es evidente un incremento en los casos de cáncer, según estudios epidemiológicos. El profesor Allison y muchos otros científicos creen que, debajo de un cierto umbral, la radiación probablemente no dañe la salud en lo más mismo. Sin embargo, la creencia general es que aún dosis muy bajas conllevan cierto peligro, aunque todavía no se puede saber en qué medida.

Como resultado se establecieron topes altamente preventivos para la exposición a la radiación artificial, tales como el estándar de seguridad internacional de sólo 1 millisievert anual. Ese nivel es 50% menor a la exposición que recibe la mayoría de las personas de la radioactividad natural proveniente de las rocas, la tierra y los materiales para la construcción y rayos cósmicos. Eso puede tener sentido en épocas normales, pero significa que en una crisis la gente tiende a asumir que la exposición por encima del límite es peligroso. El problema para las autoridades es que casi es imposible determinar exactamente hasta qué punto será más seguro alejar a una población de la radiación o limitar su exposición, por ejemplo, cerrando escuelas o manteniendo a los niños encerrados en sus casas. Esas medidas mismas tienen riesgos para la salud: la evacuación puede provocar la muerte de los ancianos y elevar el desempleo entre los jóvenes. Si se interrumpe la educación, se puede estropear la futura carrera profesional de los niños. Al perderse el hábito de hacer actividad física, las personas son más vulnerables a la obesidad y a contraer enfermedades.

David Boilley, físico nuclear y director de Acro, el grupo de pruebas de radiación a ciudadanos franceses, cree que el nivel de 20 mSv a partir del cual se inicia la evacuación en Japón es demasiado elevado, pero reconoce que 1 mSv es poco realista. Los expertos del gobierno francés sugirieron fijar el tope en 10 mSv, si bien eso podría significar que el traslado de otras 70.000 personas a las 150.000/200.000 que ya dejaron las zonas cercanas a Fukushima Daiichi.

"La evacuación es terrible y tenemos que sopesar los pros y los contras", comentó Boilley, cuyo grupo está ayudando con el monitoreo de Fukushima. Agregó que el nivel máximo varía no sólo de las zonas y la exposición sino también de cada individuo. "¿Dónde fijarlo? Esa es una pregunta muy difícil. Estoy feliz de no ser el político que decide", comentó.

Evacuadas o no, las poblaciones afectadas son vulnerables a sufrir estrés, debido a los temores que normalmente surgen en torno a los efectos lentos y silenciosos de la radiación y a la asociación con la guerra nuclear.

En el largo plazo, para dar con la respuesta verdaderamente efectiva a un accidente nuclear se necesitará de un mejor conocimiento de los riesgo de la radiación, lo que permitirá a la gente compararlo con otros peligros que asumen diariamente.