Panamá, un caso de crisis energética

Vesna Marinkovic U. - Panamá cerró la semana pasada asumiendo que se encuentra en crisis energética, pese a las lluvias del último domingo. El Gobierno argumentó que la situación es consecuencia de la peor sequía que atraviesa ese país sustentado en aproximadamente un 28% por hidroelectricidad. La restante energía procede en un 31% de búnker, 23% de diésel, 10% de carbón, 4% autogeneración y un 2% de importación.

Diversos medios de prensa panameños refirieron que los embalses de Bayano y Fortuna, considerados los más importantes, habían reducido drásticamente su nivel de agua limitando la generación eléctrica. Informaron que, en respuesta a ello, el Gobierno ordenó el pasado martes, el cierre por tres días de las escuelas, así como el recorte del horario laboral de los funcionarios públicos, prohibiendo, además, encender letreros luminosos en horas nocturnas, de acuerdo a un reporte de la agencia de noticias AFP.

Al mismo tiempo indicaron que se decretó el cierre de bares, cines, casinos, restaurantes, discotecas y otros centros de diversión a partir de las 10 de la noche de lunes a jueves. El panorama descrito comenzó a mostrar, de pronto, un país lúgubre, sobre todo si aceptamos que las noches se asumen con muchas luces, como expresión de desarrollo.

“La crisis ha llegado incluso al Canal de Panamá, que adoptó medidas respecto del uso del agua en sus operaciones, como pasar dos barcos a la vez por las esclusas —cada vez que una embarcación pasa por las esclusas se vierten millones de metros cúbicos— o la suspensión de la asistencia hidráulica a los buques para desplazarlos con mayor rapidez”, señalaron alarmados los medios de prensa al graficar la situación energética de uno de los países latinoamericanos con más de un 10% de crecimiento económico, considerado el mayor de la región.

Comentaron también que las medidas asumidas por el Gobierno, especialmente el cierre de los colegios, han sido fuertemente  criticadas invalidando el razonamiento del oficialismo que tomó esta extrema decisión para evitar principalmente el encendido del aire acondicionado en los colegios sin poder evitar, empero, que estos sean utilizados en las propias casas de los estudiantes.

“Con esto, el Gobierno es el que se ahorra el pago de electricidad y los que deben asumir ese costo son las familias panameñas que tendrán durante todo el día a sus hijos utilizando la energía eléctrica en casa”, cuestionaba la candidata a la Alcaldía, Balbina Herrera Araúz.

Más allá de los aciertos o desaciertos del Gobierno panameño en materia energética, esta situación se ha convertido, sin previo aviso, en una muestra de lo que puede ser una “situación tipo” en un futuro cercano si es que no se construyen políticas energéticas transversales a los modelos de desarrollo que se sustentan en un consumo exorbitante de energía, en todo el planeta.

Por el momento, el Gobierno panameño no ha descartado apagones y recortes programados de electricidad que, sin duda, podrían afectar seriamente el desempeño del aparato productivo de Panamá, cuya demanda eléctrica alcanza los 1.400 megawatts/día.

Hasta el cierre de este artículo, la prensa panameña seguía informando que: "Si bien se han dado lluvias en algunos sectores del país, todavía no llueve sobre los embalses de las principales hidroeléctricas", comunicando que, por tanto, las medidas tomadas desde principios de semana "regirán hasta nuevo aviso" para "evitar cortes de energía y otras medidas más drásticas", entre la población.
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