La industrialización de los hidrocarburos (Editorial)

Uno de los objetivos centrales de la nacionalización de los hidrocarburos impulsada por el gobierno del presidente Evo Morales, hace más de cuatro años, fue obtener mayores ingresos por la explotación de los recursos para las arcas fiscales. Algo que evidentemente se ha conseguido.

Otro de los propósitos estuvo relacionado con la industrialización de los hidrocarburos para potenciar la cadena hidrocarburífera y obtener nuevos productos derivados y la creación de fuentes de trabajo. Esta etapa, como ha reconocido el presidente Morales es todavía un desafío y la recientemente creada Empresa Boliviana de Industrialización (EBIH) “hasta ahora sólo está en el papel”.

El gran reto, según el Jefe de Estado, es cómo hacer caminar esta empresa, o dicho en otras palabras, de qué manera se puede iniciar el proceso de industrialización de los hidrocarburos, que en realidad, no representa sólo un buen deseo, engloba decisiones estructurales y visiones concretas sobre lo que se quiere hacer con los recursos naturales y los modos empresariales para que el proceso marche.

Partiendo del hecho, aunque dudoso, de que el ente matriz petrolero del Estado, como es Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) se desenvuelve con parámetros positivos a partir de su propia reestructuración y que ha vencido los lamentables sucesos de corrupción e ineficiencia, sería importante que las autoridades del sector, hagan conocer la política nacional hidrocarburífera de Bolivia.

La industrialización es ciertamente uno de los más grandes desafíos que tiene un país como Bolivia, poseedor de estos recursos naturales. Puede incluir la creación de polos de desarrollo regional y nacional en base a la explotación del gas natural, como han propuesto, insistentemente, un grupo de expertos que sin embargo fueron separados del proceso nacionalizador.

Estos polos se deben desarrollar en cuatro regiones claves para Bolivia: Carrasco (Cochabamba), Gran Chaco (Tarija), Puerto Suárez (Santa Cruz) y Uyuni (Potosí) por tener las mejores condiciones de ubicación de complejos industriales en base al gas natural, para la generación de productos petroquímicos de valor agregado en base al gas natural, o sea para fertilizantes, diésel, plásticos y el DME que es un gas incoloro que se usa como propelente de aerosoles, así como combustible, para motores diésel, motores de petrol y turbinas de gas.

Los expertos consideran que los cuatro polos permitirán que Bolivia se desarrolle armónicamente y se convierta en uno de los principales productores y distribuidores de fertilizantes, diésel, GLP y plásticos, y otros bienes en el Cono Sur, garantizando la creación de fuentes de trabajo por lo menos para unos 25 mil bolivianos.

La preocupación del Presidente del Estado Plurinacional, respecto a la industrialización, podría empezar a despejarse escuchando las propuestas de gente que conoce la materia, porque actualmente no se sabe si quienes impulsan la EBIH son los mejor capacitados técnicamente y de experiencia en estos procesos.

Está bien para el discurso acudir al apoyo de los trabajadores de Yacimientos en el cometido de la industralización, pero la exhortación por muy buena voluntad de los exhortados, no tendrá ningún resultado, porque lo que se requiere en estas grandes empresas, son técnicos de alto nivel de calificación y conocimientos que se pueden adquirir en países vecinos como Brasil, que ha definido una empresa petrolera que va más allá del estatismo secante y puro, es decir una organización empresarial que posee objetivos claros en cuanto inversiones extranjeras, tecnología y razonable intervención del Estado.

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