Relaciones “tensas y densas” con Brasil

El embajador brasileño ha hecho un reconocimiento explícito sobre las relaciones bilaterales, al señalar que son "densas y tensas". Si el diplomático brasileño señala aquello debe ser porque el Gobierno de Brasil observa así las relaciones.

El embajador de Brasil en Bolivia, Federico César de Araujo, está realizando todos los esfuerzos por recomponer las relaciones entre ambos países. En ese afán, llegó a reunirse con el Presidente de la República para hablar con franqueza sobre la delicada situación de la empresa brasileña Queiroz Galvao. La respuesta del Jefe de Estado fue sensata y según el resultado de la cita, la constructora no se retirará.

La noticia más allá de representar el inicio de un proceso de renegociación con la Queiroz Galvao para que ésta repare los daños sobre el tramo en construcción Potosí-Tarija, luego que la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) le rescindiera el contrato de obra, es una señal en las relaciones Bolivia-Brasil sobre la cual bien vale la pena analizar.

Realmente era urgente que el Gobierno boliviano se preocupe por recomponer sus relaciones diplomáticas con Brasil, para situarlas en el nivel de donde jamás debieron bajar. Brasil, por su parte, deberá, también, hacer los máximos esfuerzos para que las vinculaciones entre los dos países retornen a su curso normal, porque sería absurdo pensar que sólo los bolivianos quieren obstruir un buen entendimiento.

Conflictos serios con los vecinos del Este no se han tenido, y, todo lo contrario, han existido grandes proyectos conjuntos, uno de los cuales —la venta de gas natural y la construcción del gasoducto Santa Cruz-San Pablo— se ha materializado, aunque con ciertos desentendimientos que han enfriado las relaciones entre los dos países.

Las diferencias de criterios en cuanto al precio del gas natural, con Petrobras, fueron grandes y su impacto en la propia Bolivia se hizo sentir en el seno de la administración. Por su parte, la poderosa empresa Petrobras se negó a aceptar ciertos términos que, según la compañía, no estaban pactados, y, como es natural, el Gobierno de Brasil se molestó y esto se tradujo en un alejamiento entre los presidentes Morales y Lula da Silva, que, naturalmente, ellos han negado, pero que no se ha podido disimular. Simplemente, Petrobras manifestó que no invertiría ni un dólar más del necesario en los campos gasíferos bolivianos, y eso, para cualquier entendedor, es una muestra de fastidio.

Pero el tema no había quedado ahí, sino que la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), al haber rescindido el contrato que tenía con la Queiroz Galvao, sin un proceso que permita la posibilidad de enmienda, puso, otra vez, en situación incómoda las relaciones. A tal grado que, como se conoce ahora, el embajador brasileño está teniendo que intervenir y poner sus buenos oficios para que, por la vía diplomática, se logre algún acuerdo amistoso y satisfactorio entre las dos partes del contrato. Es de esperar que el empeño llegue a buen término.

La construcción de dos represas generadoras de energía eléctrica en el río Madera, próximo a la frontera con Bolivia, también han sido motivo de distanciamiento.

El embajador brasileño ha hecho un reconocimiento explícito sobre las relaciones bilaterales, al señalar que son "densas y tensas". Si el diplomático brasileño señala aquello debe ser porque el Gobierno de Brasil observa así las relaciones. Hay que hacer, entonces, un esfuerzo, de ambas partes, para distender estas relaciones y retornar a la vinculación cordial.

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