25Abril2014

Gobierno y Relacionamiento

Un enclave, posible salida al mar para Bolivia. La idea nació en Córdoba

Mariano Saravia - La semana pasada se abrió en Santiago de Chile una mesa informal de negociaciones entre funcionarios de las cancillerías chilena y boliviana, para intentar retomar el diálogo en torno a la postergada solución al reclamo boliviano de una salida soberana al mar. Es que hay una novedad, una nueva alternativa que llevaban los bolivianos en sus maletines, y que curiosamente surgió de Córdoba, durante la reciente visita del presidente Evo Morales el 30 de junio pasado, con motivo de ser distinguido como Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba.



La reunión fue el martes y se frustró prematuramente ante la negativa de sus pares bolivianos de analizar como alternativa un enclave de 30 por 30 kilómetros en la Segunda Región, entre las localidades de Tocopilla y Mejillones, donde estuvo antiguamente el puerto boliviano de Cobija.

Conviene recordar que Bolivia tuvo un litoral marítimo importante, reconocido oficialmente por sus vecinos Perú y Chile, en la zona de Antofagasta, que perdió en manos de Chile durante la Guerra del Pacífico (1879-1884), y que no ha dejado de reclamar hasta ahora.

El reclamo boliviano casi siempre ha girado en torno a una franja territorial que devuelva una salida al Pacífico para un país condenado a la mediterraneidad.

Pero esa franja territorial por los territorios históricamente bolivianos cortaría en dos el actual territorio chileno, algo totalmente imposible de aceptar para Santiago. Entonces, en los últimos tiempos tomó dimensión como alternativa que esa franja territorial se extienda al norte de Arica, entre la frontera de Chile con Perú. Pero esta opción se encontró sistemáticamente con otros inconvenientes, que ni Chile ni Perú se mostraron muy propensos a perder su frontera común y que en ese tipo de negociaciones habría que incluir a Perú pues la solución involucraría territorios que históricamente pertenecieron a Lima y no a La Paz.

Por eso tuvo acogida la nueva propuesta de un enclave soberano con salida al mar para Bolivia. Luego de la entrevista que mantuvo con la rectora de la UNC, Carolina Scotto, Evo Morales recibió de este periodista una carpeta con mapas y explicaciones que miró atentamente y prometió estudiar. A los pocos días, un enviado del vicepresidente boliviano Álvaro García Linera pasó por Córdoba para interiorizarse de la propuesta antes de viajar a Chile.

Se trata de un fragmento de territorio de 30 kilómetros de costa que podría constituirse en una solución para un conflicto que lleva más de 130 años. Para Chile no sería una gran pérdida, teniendo en cuenta que tiene más de cuatro mil kilómetros de costas sobre el Océano Pacífico, pero sobre todo que en la zona elegida no hay población, se trata de un terreno prácticamente deshabitado y desértico, entre las localidades de Tocopilla y Mejillones, en donde estuvo Cobija, ciudad fundada en 1578 y hecha puerto por Simón Bolívar en 1825 (también llamado Puerto La Mar). En cambio, para Bolivia sería importantísimo, la concreción de un sueño largamente anhelado.

Uno de los elementos más importantes de la nueva propuesta es su valor simbólico, ya que se conseguiría una salida soberana al mar por territorio boliviano y no por territorio que era peruano, como las anteriores alternativas, sobre todo la que plateaba una salida al norte de Arica. Por otro lado, le sacaría un problema a Perú, dejando la negociación directamente a Chile y Bolivia, aunque este tema claramente no es binacional sino internacional porque afecta directamente a toda la región, por cuestiones históricas, culturales, y sobre todo políticas actuales y de integración.

Por otro lado, esta solución exigiría construir desde la nada una ciudad y un puerto donde hoy no hay prácticamente nada. Y luego tal vez también infraestructura turística para aprovechar las playas. Todo esto generaría un movimiento económico muy importante que beneficiaría a toda la zona del norte chileno relegado económicamente. Principalmente beneficiaría el movimiento comercial y la economía de ciudades como Antofagasta y Calama. En estas dos ciudades se comprarían insumos, se contratarían servicios y hasta mano de obra.

No es lo ideal. Ni para Bolivia ni para Chile. Pero lo ideal muchas veces es enemigo de lo posible. Bolivia seguramente querría despertar con sus 120 mil kilómetros cuadrados de salida al mar y ver que todo fue un mal sueño. Chile, querría hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada, que la historia empezó en 1884 y no escuchar nunca más un reclamo boliviano. Pero ninguna de las dos cosas es posible. Lamentablemente el conflicto existe, lleva más de 130 años y podrán pasar otros 130 años si ninguno de los dos cede. Es un obstáculo muy grande para la integración no sólo de los dos países, sino también para la región. Para Argentina, para Perú, para el Mercosur, para la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR). Es decir, este tema trasciende lo meramente binacional para tomar dimensiones multilaterales.

Si prospera la solución, algún día Bolivia volverá a tener un puerto y unas playas en el Pacífico, aunque sus ciudadanos tengan que transitar por rutas chilenas para llegar al mar. Pero esto no es nada del otro mundo. Existen muchos ejemplos de enclaves (o mejor dicho exclaves, en terminología de relaciones internacionales). Ahí está Kaliningrado, un fragmento de territorio ruso enclavado entre el Mar Báltico, Lituania y Polonia. O Alaska, totalmente separada del resto de Estados Unidos. Por no mencionar los enclaves coloniales de Gilbraltar en territorio español pero ocupado por el Reino Unido o Ceuta y Melilla, en pleno territorio marroquí pero ocupado por España.

Incluso Bolivia tiene un ejemplo parecido en la península de Manco Kapac, sobre el Lago Titicaca. Para llegar por tierra a Manco Kapac, es inevitable pasar por territorio peruano, como de igual manera, para ir de Santa Cruz a Tierra del Fuego, los argentinos tienen que atravesar un pedazo de territorio chileno.

Es decir, no habría que temer a posibilidades nuevas, superadoras, que sin ser las ideales para cada uno, sí podrían ser la base de una verdadera reconciliación que lleve a dos pueblos hermanos a poder integrarse de verdad, cultural, política, histórica, económica y comercialmente.

El camino es largo y lleno de obstáculos, pero el primer paso en esta nueva senda se dio en Córdoba.

Mariano Saravia
www.marianosaravia.com.ar
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