18Abril2014

Análisis y Opinión (Bolivia)

Impuestos internos en Bolivia

2008-11-12 07:25:52
Ramiro Prudencio Lizón*
Con el fin de incrementar los gastos del Estado, el Gobierno nacional proyecta aumentar los impuestos internos mejorando la eficiencia en el cobro y disminuyendo la evasión de los mismos.

Verdaderamente es loable la intención de las autoridades gubernamentales de mejorar y ampliar el universo tributario. Sobre todo en un país como el nuestro, donde un gran porcentaje de la población no paga ningún impuesto. Cabe mencionar, al respecto, a la mayoría de los campesinos del altiplano y valles, como también a los colonizadores de la zona oriental.

Es necesario que el Gobierno comprenda que una buena parte de esa población occidental recibe mucho dinero por su producción y, pese a ello, vive al margen de la economía nacional. Se trata, primeramente, de los cooperativistas mineros quienes perciben por la exportación de los minerales cientos de millones de dólares al año. Asimismo, de los cocaleros, quienes también obtienen por la coca probablemente otros cientos de millones de dólares.

Pues bien, todos ellos no pagan impuestos, no otorgan beneficios sociales, no tienen a su gente asegurada ni rinden cuentas a nadie de su producción. ¿Qué se hace con tanto dinero percibido? Es un misterio. Como expresó hace tiempo el vicepresidente de la República, don Álvaro García Linera, “el indio boliviano no tiene espíritu capitalista: el dinero que ahorra lo gasta en fiestas”.

Ahora bien, uno de los más graves problemas que provocó la insurrección en los departamentos llamados de la media luna fue la disminución de sus ingresos por el IDH, ya que el Gobierno decidió incrementar, a costa de él, el Bonosol a 200 dólares mensuales y, asimismo, ampliar el sector de la población que tendría derecho a esa pensión.

Siendo el Jefe del Estado un líder cocalero, lo lógico hubiese sido que el nuevo bono Dignidad fuese aumentado con dinero de la coca. Bastaba crear un pequeño impuesto a ese producto para que se contase con el capital suficiente para dicho menester. De este modo, el bono Dignidad tendría un gran significado ya que sería sostenido por la coca y no por la media luna.

Lamentablemente, el Gobierno ha determinado destinar gran parte de los ingresos por los impuestos al levantamiento de las dos grandes empresas estatales, Comibol y YPFB. Pero pareciera que no recordara que ellas se transformaron en el pasado en dos elefantes blancos, incapaces de constituirse en los baluartes de la economía nacional, sino, por el contrario, en los mayores entes de corrupción, incompetencia y frustración del país.

Como se tiene conocimiento, desde su fundación, en 1952, Comibol tuvo gravísimos problemas, pues el escaso capital de operación, la falta de mano de obra y técnicos calificados, y la inmoralidad administrativa, determinaron que se elevasen grandemente los costos de explotación. La triste historia de esta desdichada empresa terminó con su estrepitosa quiebra y la consecuente expulsión de sus trabajadores.

Otro tanto sucedió con la empresa petrolífera YPFB, creada mucho antes, en 1937, y que sólo tuvo alguna vigencia importante cuando se nacionalizó a la Gulf Oil Company en 1969, y la empresa nacional se quedó con todos los campos de la compañía norteamericana. Pero como YPFB no tuvo la capacidad técnica, económica y profesional como para mantener ni siquiera la cantidad de petróleo que producía la Gulf, en menos de diez años, Bolivia dejó de producir tan fundamental elemento.

En consecuencia, en vez de insistir en restablecer dos empresas estatales condenadas de antemano al mayor fracaso porque nuestro país no tiene capacidad para convertirlas en modernas empresas que den ganancia al Estado, lo conveniente sería que los ingresos de los impuestos sean utilizados para cooperar a las empresas medianas y pequeñas que sufrirán por la actual crisis económica mundial, como también para incentivar el cultivo de trigo y de productos exportables, como frutos tropicales y, asimismo, quinua, amaranto, tarhui, chía, palmito y otros, que son muy apreciados en el exterior.

*Ramiro Prudencio L.
es diplomático e historiador.