18Abril2014

Análisis y Opinión (Bolivia)

El gasolinazo

Eduardo Vacaflores León - Economistas bolivianos y la sociedad tienen la creencia de que la solución al problema de la subvención a los precios de los combustibles es el devastador gasolinazo, cuya aplicación se inició con el nombre de paquetes económicos en la década de los 70, como consecuencia de las dos alzas del precio mundial del petróleo, decretadas por la entonces nueva organización de productores, que sería conocida como OPEP.

Esta forma de manejar la economía ha signado la vida nacional desde hace 40 años, dando origen a todas las tragedias políticas que desde entonces hemos vivido, porque fue una medida que tuvo que ser impuesta con el uso de la fuerza, en vista del empobrecimiento colectivo que causa y que da lugar a grandes movilizaciones de sectores populares, socavando de esa manera la estabilidad institucional y la de los gobiernos que la aplican.

En el enunciado la medida ofrece solucionar el problema de las subvenciones al precio de los combustibles de una vez y para siempre, al decretar paralelamente la indexación de los precios del petróleo a las fluctuaciones internacionales. Pero en la realidad nunca se pudo aplicar esta medida, debido a que la economía no alcanza a recuperarse a tiempo de los efectos del gasolinazo como para resistir nuevas alzas en los precios de los combustibles, que es la razón por la que este problema no pudo ser solucionado en todo el tiempo de su aplicación.

Indexar el precio de los combustibles al de las alzas de los precios internacionales en las condiciones en las que funciona nuestra economía, es decretar la subida permanente de los precios de los artículos de primera necesidad, sin contar con los mecanismos compensatorios que permitan precautelar el valor adquisitivo de los ingresos de la gente.

Los economistas no conocen una solución diferente al problema -una verdadera solución de la ciencia económica que por esa razón tendría que ser una solución integral- y se conforman con recomendar una serie de medidas paliativas, que no son otra cosa que opiniones personales sin fundamentos en su ciencia. Esto lo podríamos comprobar realizando una búsqueda a través de la web en las currículas de las grandes universidades del mundo, en las que jamás existió un curso, una materia o un libro de texto que les hubiera hecho conocer algo sobre la forma de solucionar este problema. Y ellos, en ausencia de los conocimientos de los métodos de su ciencia, sólo pueden saber lo que les enseñan.

Conste, pues, que esta es la primera vez que se hace conocer públicamente la existencia de una verdadera solución de la ciencia económica, muy diferente a la del gasolinazo, la que, por el contrario, tiene la virtud no solamente de devolver la salud a la economía nacional, sino producir un boom económico inédito, que se traduce en un crecimiento sostenido del producto bruto interno, que al ser la sumatoria de los bienes y servicios que producimos anualmente todos los bolivianos, requiere para sustentarlo de una masiva creación de empleo, la que va eliminando paulatinamente las grandes lagunas de informalidad, con las que funciona desde siempre nuestra economía, creando una espiral de progreso, que con los debidos ajustes que se le deben ir realizando es sostenible en el tiempo.

Esta solución de la ciencia económica fue aplicada por primera vez, en el transcurso de la historia humana, en Inglaterra, y se la hizo, como todo lo que tiene que ver con la economía, en el mayor de los secretos, porque se trata en realidad de un tema de seguridad nacional. Esta medida fue la que le dio la ventaja sobre los demás pueblos europeos, desde donde, al crearse la commomwealth (comunidad de naciones de habla inglesa), fue proyectada a los otros pueblos que hablan esa lengua.

Los economistas de los demás pueblos ricos y organizados del mundo, que son los pueblos que han desarrollado ciencia, tuvieron que descubrir por su cuenta la manera de aplicar estas medidas en sus economías, cosa que hicieron con los mismos excelentes resultados que habían dado tempranamente en Inglaterra. El profesor Milton Friedman reveló este secreto -seguramente con autorización del Pentágono norteamericano- a los 26 economistas chilenos que fueron conocidos como “Chicago Boys”, los que a su vez realizaron las reformas en el mayor de los secretos, escribiendo de ellas solamente sus aspectos externos.

La solución a las subvenciones y al consiguiente mal funcionamiento de la economía nacional la podrá encontrar el investigador acucioso en varios capítulos del tercer tomo de la obra del historiador francés Fernand Braudel, publicados bajo el título “Civilization & Capitalism 15th-18th Century”.