Energeia Aeternitas: El GLP y la Planta de Río Grande

Por Boris Gómez Úzqueda* - La ausencia de una NPE Nueva Política Energética en el país y su correspondiente Ley de Hidrocarburos han obligado a la dirigencia estatal a ir modificando sus decisiones y acciones relacionadas al tema. Han estado respondiendo a la acción en vez de tomar la iniciativa.

Entre otras cosas la ausencia de políticas públicas en el sector se traduce en menos inversión estatal –y privada- en exploración, en producción, en construcción de infraestructura energética, en comercialización y en lo que han prometido –y no cumplido hasta ahora- como la industrialización de valor agregado de gas.

Por ello han estado reaccionando al mercado demandante: subirle –cuestionablemente- el precio de combustibles para luego bajarlos por presión, importar diesel venezolano a precio internacional y seguir subvencionando el precio del GLP (gas licuado de petróleo), entre otras. Las soluciones a cada caso las han estado ejecutando de manera aislada, sin ser parte de un todo, de una política pública de largo plazo. Han estado poniendo parche a los problemas.

El GLP en Bolivia tiene y seguirá teniendo alta demanda. Pero bueno, siendo positivos, aunque no sabemos si la planta de separación de GLP de Río Grande está pensada a futuro los números que han informado a la opinión pública tienen que ver con la capacidad de procesamiento de más o menos 5,9 millones de metros cúbicos por día (Mmm3d) de gas natural para lograr extraer 361 TN (toneladas métricas) de GLP y 600 barriles por día de gasolina.

Esperemos que esos volúmenes procesados serán suficientes para la proyección de la demanda interna de GLP para los próximos años, por la poca penetración del gas por redes en algunas regiones y ciudades del país entonces el GLP seguirá siendo de alta consumo.

Recientemente algunos senadores de la oposición han convocado –públicamente- a autoridades del sector energético para que expliquen, entre otras cosas, el motivo técnico, financiero, de ingeniería y de proyección por el cual la planta separadora de Río Grande costará el doble del contrato de julio del 2008 que en esa oportunidad se presentó, hasta en acto público con “cascos” petroleros  y toda la parafernalia a la compañía denominada Catler-Uniservice, consorcio argentino-boliviano que suscribió documento contractual con el Estado para construcción de la planta modalidad “llave en mano” por 87 millones de dólares. El costo a la fecha de la Ingeniería Procura y Construcción de la Planta Separadora de Líquidos llegaría a 160 Millones de dólares, cifra que –con cambio de órdenes durante la construcción- seguramente podría llegar a incrementar.

El contexto de análisis de la planta tiene, además, ribetes de escándalo político que son de conocimiento público: le costó la cabeza a un máximo ejecutivo de la estatal del petróleo y –de no haber ocurrido los problemas- la planta debió estar operando desde el pasado año, con el consiguiente ahorro por concepto de importación de GLP.

Es muy seguro que en toda ésta década –sólo por importación y subvención- el país se haya “consumido” el equivalente a un par de plantas de separación de GLP. Caso similar al subsidio del diesel: en estos años Bolivia gastó el equivalente a un monto importante para iniciar la infraestructura de una planta de GTL (conversión de gas a líquidos). Pero esa historia es otra.

La planta de Río Grande es, pese a todo,  una buena noticia para el país siempre y cuando esté transparentemente ejecutada.

En adelante todas las obras energéticas, ductos, termoeléctricas, plantas petroquímicas, de GTL u otras debieran responder a un plan general y a una visión que sustentada convenientemente en una NPE reposicione al país en su contexto histórico necesario: un país gasífero con potencialidad de exportador de valor agregado.

*Máster en Administración de Empresas, ex ejecutivo de compañías privadas y consultor.

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