Para nadie es un secreto que nuestras reservas de divisas son importantes, que los ingresos han sido extraordinarios y hasta las recaudaciones de la Renta y Aduana han crecido en los últimos tres años; pero, es justo reconocer y tomar muy en cuenta que este auge financiero es debido, en su integridad, al hecho de que los productos que exportamos: gas, minerales y materias primas, han tenido precios muy altos en el mercado internacional.
En modo alguno el incremento de nuestras “fortunas financieras” se debe a que aumentamos la producción o la diversificamos porque, lamentablemente, mucho se ha hecho desde el año 2006 para reprimir la producción y evitar muchas exportaciones. Bien podemos afirmar que son los precios internacionales, aplicados a nuestras ventas al exterior, los que han determinado mayores ingresos. Lo ideal, en todo caso, habría sido que, al margen de los altos precios, tengamos ingresos extras o potenciales por una oferta mayor de productos y que, con ello, se hayan incrementado nuestras exportaciones.
El Gobierno, con miras a implantar “un nuevo modelo económico”, - posiblemente socialista -, ha descuidado seriamente las garantías para las inversiones no sólo foráneas sino internas; ha expuesto razones para ello, pero contrarias a sus propios intereses porque cualquier merma en la producción y en las exportaciones debilita la economía y, con ello, la administración del Estado queda imposibilitada de atender todas sus obligaciones, especialmente las inversiones públicas, el pago de la deuda externa, los compromisos con organismos internacionales y, lo más importante, descuida la confianza y credibilidad nacional.
La economía es una ciencia seria y cierta que señala: hay que crear riqueza para generar empleo, producción y exportaciones. Tres rubros de la economía que no se los puede ni debe descuidar; al contrario, deben ser cuidados, incrementados y mantenidos permanentemente. Es evidente, por otro lado, que las reglas de juego existentes entre países ricos y pobres deben cambiar para que los problemas económicos mundiales se solucionen.
El Gobierno tiene que enfrentar, casi permanentemente, crisis de toda laya y para solucionarlas, debe tomarlas como desafíos que deben ser encarados mediante disposiciones iniciales que restablezcan la confianza, garanticen las inversiones, faciliten todos los medios para que la producción aumente, sean aprovechados los precios altos en el mercado internacional y, con ello, se haga lo posible para diversificar la economía. Tal vez lo más importante y necesario es restablecer la confianza del empresariado nacional y, en vez de buscar su anulación, incrementarlo y propiciar que aumente su producción para el consumo interno y las exportaciones, para que los réditos permitan crear empleo y, con ello, disminuir las tasas altas de desocupación que sufrimos.
Conviene no olvidar, además, que aún estamos sometidos a políticas de mercado o, si se quiere, liberales en los renglones económico-financieros y no abrigar ilusiones sobre “economías socialistas” que, es bien sabido, han fracasado en todo el mundo y si hoy hay progresos económicos en algunos países – caso China – es porque en lo político sigue en vigencia el comunismo, aunque con restricciones y, en el campo económico, tienen plena vigencia las políticas del libre mercado; es decir el capitalismo en todas sus proporciones.
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