Cuando comienzan a surgir conflictos provocados por la reducción de los ingresos del sector hidrocarburos, se informa que hay nuevos recortes en la producción de gas.
Las cifras dicen que en enero, el aparato productivo de hidrocarburos se vio obligado a reducir en 9,7% el volumen de extracción de gas natural, debido a la merma de la demanda.
Es que la demanda promedio brasileña de gas boliviano durante el mes de enero fue de 21 millones de m3/d, la de Argentina de 2 millones y el consumo interno requirió solamente 5 millones. Estos volúmenes, sumados, fueron inferiores a toda la producción disponible, que en enero era de 40 millones m3/d, lo que obligó al mencionado recorte.
Lo que se temía respecto de una caída de las compras de gas boliviano por parte de Brasil y de Argentina se presenta ahora como una realidad que amenaza con reducir aún más la participación de los diferentes beneficiarios de los ingresos del sector. El gas boliviano no tiene compradores que alcancen a la producción.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva acaba de decir que su país, sinceramente, no necesita comprar más el gas boliviano, pero que lo seguirá haciendo sólo por solidaridad. De Argentina no se han escuchado expresiones similares, pero se conoce que ese país cuenta en este momento con excedentes de gas natural, que aumentarán a partir de marzo.
Un reciente informe de la CEPAL dijo que el año pasado los países latinoamericanos que más sufrieron la crisis internacional provocada por el colapso financiero norteamericano fueron aquellos cuyas exportaciones están concentradas en el sector petrolero, mientras que aquellos que exportan alimentos sufrieron mucho menos.
Esto se refleja en el interior de la economía boliviana. Los ingresos provenientes del sector petrolero han sido los responsables de las peores decepciones, mientras que los ingresos del sector de los alimentos tuvieron un desempeño menos traumático.
Por la fuerza de las circunstancias, en efecto, Bolivia puede ofrecer los dos panoramas, con exportaciones de materias primas y exportaciones de alimentos. Las políticas económicas, a cargo de los gobiernos centrales, deberán percibir estas diferencias, y tomar las decisiones más inteligentes para el país.
Por el momento habrá que tomar decisiones sobre el excedente de la producción de gas. No parece inteligente decidir recortes que suponen la reinyección o la quema de grandes volúmenes, cuando se podría destinarlos a fines más positivos.
Los proyectos de instalar plantas termoeléctricas se están demorando demasiado. Se los incluye en las declaraciones y en los discursos, pero poco se ha avanzado en la práctica, mientras no se sabe qué hacer con los excedentes de gas.
Una decisión sabia podría ser alentar a las empresas del sector eléctrico a incrementar la producción, con inversiones que podrían recibir el apoyo y el incentivo del Estado. Habría que comenzar por dar a las empresas la confianza que necesitan para hacer nuevas inversiones.
La ventaja sería que se puede contar con gas natural a un precio bajo.
Pero es importante que se tomen decisiones rápidas. Si se ha de exportar o no el gas natural, seguramente será decidido en largas negociaciones. Por el momento existe un hidrocarburo sobrante que es preciso usar para beneficio de los bolivianos.
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