José Manuel Loza Oblitas
La inversión en la explotación de nuestros recursos naturales y en su industrialización, abriendo mercados más allá de nuestras fronteras, además de garantizar el abastecimiento interno, tanto en lo que se refiere a carburantes y alimentos, se convierte en un paso importante para la generación de empleos y el incremento de ingresos departamentales y nacionales, para destinarlos a la construcción de la infraestructura caminera necesaria en todo el territorio nacional.
Al parecer esa es la propuesta del actual Gobierno para la próxima gestión, destacándose un crecimiento del 4.5%, superando al del año actual, que fue el más alto en América Latina, considerando la etapa de crisis económica por la que atraviesa el planeta, gracias a la política neoliberal, que abrió el camino a la especulación y al fraude.
Hay que reconocer, por cierto, que el proceso de nacionalización de los hidrocarburos, ha tenido repercusiones importantes para la economía nacional, ya que los ingresos nacionales y regionales se incrementaron notablemente, dando pie a las inversiones en diferentes obras locales, que abren el camino al fortalecimiento del país.
Ahora se abren perspectivas en la explotación de litio y en la producción de acero en el Mutún, así como en la exploración y explotación de recursos hidrocarburíferos en el norte del departamento de La Paz, región en la que también se implementa la posibilidad de que en un futuro próximo tengamos un nuevo ingenio azucarero, que garantice y abarate el abastecimiento de azúcar a los bolivianos.
Los ingresos por los impuestos a los hidrocarburos, al margen de los que se encuentran destinados a las regiones, también han servido para la creación de bonos a favor de la tercera edad, de los estudiantes de primaria, así como para las madres en gestación y para los niños recién nacidos, recursos que han servido también para el movimiento económico en el mercado interno, originando una mayor demanda en el consumo, que no existía antes.
El complemento necesario es, son duda, la generación de empleos dignos y permanentes, y no como ocurre hoy sólo con la marginalidad, que es la que se ha incrementado, aunque es de esperarse que la pequeña industria siga creciendo, así como la mediana y grande, con recursos crediticios del sistema financiero, con bajos intereses, que promueve el régimen, a fin de activar la productividad nacional.
Lo reiteramos, es preciso que se incentive, con fuerza y vigor la producción de alimentos, por medio de la agricultura y la ganadería, rubros a los que se debe destinar importantes montos, a fin de que los bolivianos, en todos los confines del país y no solamente en una región, dediquen las tierras a esta tarea, que lograr nuestra independencia y seguridad alimentaria, en un mundo en el que se empieza a sentir el hambre y la miseria.
Ojala que el déficit fiscal programado, que asciende a un 4.5 por ciento, no sea una realidad, a fin de que continuemos por esa ruta de crecimiento, con la consolidación de las instituciones nacionales, como es el caso de las Fuerzas Armadas de la Nación, las que deberían contar con recursos fijos en su ingreso, tal como sucede en otros países.
Asimismo se debe garantizar la seguridad interna, con una mayor asignación de recursos económicos y de equipos, a la Policía Nacional, tanto en su lucha contra la delincuencia, como en la que aborda en contra del narcotráfico, lacras que, infelizmente, crecen cada día más, ante la protesta y la incertidumbre ciudadana.

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