24Abril2014

Análisis y Opinión (Bolivia)

EXPLOTACION DE RECURSOS NATURALES: ¿ NEGOCIO LUCRATIVO PARA LOS INDIGENAS ?

2009-10-24 07:41:40
Martha Humérez Ruiz
La prensa , todos los días, registra ocupaciones de yacimientos mineros y petrolíferos. Últimamente se difunde la noticia de que una comunidad indígena de la zona ha tomado físicamente el yacimiento aurífero de “Inti Raymi”, exigiendo que la empresa haga un “repago” por los terrenos que compró de la comunidad hace ya muchos años, además exigen “compensación” por el deterioro del medio ambiente que ha producido la explotación de esa mina privada. Casi paralelamente en el Chaco el pueblo Weenhayek exige a la empresa petrolera BG Bolivia “compensación” de 11 millones de dólares por el deterioro ambiental, empleos para sus habitantes y recursos de coparticipación.

El mismo sentido tienen las exigencias de las comunidades indígenas aledañas a Amaya Pampa y las movilizaciones indígenas del norte de La Paz frente a la decisión del Gobierno de iniciar exploraciones petroleras en la zona. Otros ejemplos pueden citarse son muchos y todos ellos arguyen que la nueva Constitución Política les otorga el derecho a ser consultados y contar con su aprobación para que las empresas puedan emprender sus tareas de explotación de los recursos naturales, fijando condiciones para preservar el medio ambiente y estableciendo las compensaciones e indemnizaciones por los daños causados, además de garantizar fuentes de trabajo y otros beneficios para los originarios.

En los casos que comentamos y en muchos otros, la protección del medio ambiente ha pasado a segundo plano y cobra preeminencia el problema de las “compensaciones” y “beneficios”. En la práctica, la explotación de los recursos naturales por parte del Estado o de las transnacionales se está conviertiendo en NEGOCIO LUCRATIVO para los indígenas que no dudan un instante en exigir beneficios económicos fabulosos.

En el caso de los indígenas Weenhayek, el mismo Presidente de YPFB ha señalado que sus “exigencias son exorbitantes”. Prácticamente la “Pachamama” se convierte en una mercancía cualquiera olvidando las costumbres y tradiciones, la “cosmovisión andino – amazónica” y otras construcciones subjetivas de los que gustan teorizar los “intelectuales” indígenas. Así se confirma una vez más la sentencia del Manifiesto Comunista que en el capitalismo todo, aún las instituciones más sagradas se convierten en mercancía. En la práctica, los pueblos originarios practican una verdadera “simonia” (acción de negociar con objetos sagrados y bienes espirituales) con la “Pachamama”.

La preservación del medio ambiente se podría entender como la defensa de la “Pachamama” –como gusta discursear al Presidente Evo Morales en los eventos internacionales-. El problema está en comprender ¿Por qué, en los hechos, toda esa concepción sobre la divinidad de la Tierra y de todos los fenómenos naturales capitula con tanta facilidad frente al utilitarismo capitalista?. El precapitalismo encarnado en los resabios de la propiedad comunal y de la pequeña propiedad parcelaria de la tierra no es una isla que sobrevive al margen del capitalismo. Por el contrario existe una interrelación dialéctica entre ambos extremos configurando una particular estructura económica (economía combinada), social y cultural.

El capitalismo presiona poderosamente sobre el sector precapitalista deformándolo y convirtiendo al campesino pequeño propietario en un oportunista capaz de vender a su propia madre – que en el presente caso es la “Pachamama”-.